El Boletín de abril (2022)

VoluntaGestion GPE Greenpeace • 3 Maiatza 2022

Greenpeace, al igual que un gran engranaje, se compone de una gran comunidad de piezas en el que cada una tiene un papel trascendental para afrontar grandes retos desde lo colectivo.

A veces, cuando perdemos esta perspectiva, puede parecer que desde nuestro lado del engranaje remamos a contracorriente del resto. Pero cuando nos paramos un poquito para ver donde están nuestras compañeras, nos damos cuenta que todas achuchamos para el mismo lado, enriqueciendo y aportando un valor añadido al gran objetivo. Sólo entendiendo esto conseguiremos lograr nuestras metas.

Este boletín, así como la revista enviada en abril a todos los socios y socias, muestra cómo todo el voluntariado forma una red que multiplica las campañas de Greenpeace, sirviendo de herramienta de presión (junto a las acciones, estrategias de redes sociales o informes técnicos) para señalar quién lo hace mal o hacia dónde dirigirnos para acabar con los grandes retos ambientales que nos acechan.

 

La indiscutible relevancia del voluntariado en Greenpeace

A todas las personas que han sido, son y serán parte de la familia de Greenpeace

grandes retos ambientales que nos acechan.


 

La indiscutible relevancia del voluntariado en Greenpeace

 

A todas las personas que han sido, son y serán parte de la familia de Greenpeace

Si hay una pieza fundamental en el camino para alcanzar los objetivos y retos de Greenpeace, es el voluntariado. Con su tiempo, su energía, su responsabilidad y los riesgos que asumen, las voluntarias y voluntarios se entregan a la organización y son las pioneras del cambio. 

El voluntariado inspira a quien observa; informa y sensibiliza; denuncia, sueña y materializa los cambios. Cada persona contribuye a la consecución del reto, ya que muchas de las grandes revoluciones se han producido gracias a la suma de pequeños actos valientes que han hecho tambalear los cimientos del sistema. Y si no recordemos a Martin Luther King, Rosa Parks o a Mahatma Gandhi. 

Es por ello que sin l@s #voluntasGP, Greenpeace no podría materializar las campañas globales en el ámbito local. Son las manos, la voz y los oídos de nuestra organización en unas treinta ciudades de España (¡cientas a nivel global!); y desde la cercanía que da estar sobre el terreno, llevan a cabo campañas de sensibilización, trabajos de educación, actividades de calle o diseño de proyectos territoriales. Son el enlace con otros movimientos y multiplican el trabajo de Greenpeace para llegar a más gente.

Las voces de Greenpeace. Lee el artículo completo de la Revista de Greenpeace España

Esta labor de entrega puede tener distintos grados de compromiso. Y dentro de esa diversidad, Greenpeace reconoce también el coraje de las personas que ponen su cuerpo y su libertad al servicio del planeta y de la paz. La desobediencia y la acción directa no violenta son fundamentales. Es por ello que, desde la Escuela de Activismo, ofrecemos las herramientas necesarias para potenciar este último, por ejemplo, formaciones que fortalezcan la organización colectiva de los movimientos que luchan desde una óptica de justicia social y climática; la Escuela también favorece sinergias entre tales movimientos y construye colectivamente las alternativas necesarias para darle la vuelta al sistema.

En estos últimos dos años de hemos visto, más que nunca, que juntas, las personas, podemos alcanzar nuestros objetivos y solas nos quedamos a medio camino. Por ello nos reafirmamos, en este contexto de crisis e incertidumbre, que el voluntariado de Greenpeace es un pilar básico para mantenernos fuertes y resilientes ante la adversidad.

Porque serán ellas y ellos los que protagonizarán los retos que tenemos por delante.

Por todo ello, y por todo lo que nos olvidamos mencionar, GRACIAS.

Equipo de Movilización de Greenpeace España


 

Voluntariado y activismo: parte del todo, parte del cambio 

En noviembre 2021, cuando me uní al voluntariado y al grupo local de A Coruña, no tenía ni idea de que menos de medio año más tarde iba a participar en mi primera acción como activista de Greenpeace. Siendo educador, desde mis primeros pasos en el grupo local y en algunos grupos temáticos mi foco principal ha estado puesto en el potencial del activismo pacífico y verde de la educación ecosocial. Gracias a la amplia oferta formativa que ofrece Greenpeace y las diversas posibilidades de incorporarse, me he comprometido cada vez más con la visión de la ONG.

La sensación que tuve cuando salimos en nuestros monos rojos para llevar a cabo la acción en la sede de Naturgy en Madrid no fue tan diferente a la sensación cuando hice mi primera actividad (de líneas rojas) del #BlackFriday en A Coruña. En ambas situaciones me sentí parte de un movimiento significativo, guiado por un objetivo final con el que resueno. Es muy empoderador poder intervenir a favor de una causa altruista junto a un grupo de compas que se apoya mutuamente; de repente el mundo ya no parece tan desesperado porque te sientes parte del cambio.

Después de la acción contra el gas de Naturgy (que financia la guerra y está en contra de las energías renovables en general) en Madrid, me llegó un mensaje de reconocimiento de mi grupo local en A Coruña, que estaba a punto de llevar a cabo la actividad correspondiente a la acción a nivel local. En este momento entendí definitivamente que estábamos conectadas en la causa. Todos los ámbitos de aporte en Greenpeace se entrelazan. Desde las socias, pasando por las voluntas y activistas, hasta las profesionales - somos una familia creando el cambio que queremos ver en el mundo.

Gerrit Joel Grossjohann, activista y voluntario en A Coruña

 

La fábula del colibrí 

Volvimos a salir a la calle el grupo de Bizkaia para denunciar el negocio del gas, el negocio de algunas empresas energéticas que, todavía a día de hoy, financia la guerra contra Ucrania. Aunque en nuestro caso no teníamos una oficina a la que dirigirnos para protestar directamente, queríamos aportar nuestro granito de arena a nivel local y apoyar la reciente acción de los activistas de Greenpeace en las oficinas centrales de Naturgy en Madrid donde exigieron que se abandonase la exportación de gas ruso.

Entré en el voluntariado de Greenpeace, allá por el 2015, con la intención de contribuir activamente hacia una economía descarbonizada y en manos de la ciudadanía. Siendo ingeniera de energías renovables, quería ir un paso más allá e involucrarme personalmente en movimientos sociales ecologistas y no sólo en el ámbito laboral. Pero el voluntariado de Greenpeace me ha aportado mucho más de lo que pensé. En el grupo local,  compartimos experiencias y nuestros puntos de vista e inquietudes de una manera abierta y enriquecedora, conectamos con otros movimientos sociales y sus reivindicaciones locales. 

La importancia de hacer equipo 

Tras la actividad contra el gas ruso, aprovechando el día soleado que teníamos en Bilbao, nos fuimos a una terraza a hacer la reunión mensual del grupo. Como decía, creo que es muy importante crear espacios inclusivos, donde conversar de una manera distendida y hacer equipo entre las personas que formamos el grupo local. Tras estos dos años de pandemia, nuestro grupo local ha cambiado mucho. Siempre está en constante cambio. Nuevas voluntas han entrado con mucha motivación y ganas de participar, pero también recordamos a nuestros anteriores coordis que tanto dieron por el grupo y que esperamos que vuelvan pronto ;)

En ese momento, recordamos la fábula del colibrí, que tanto le gustaba a Doltza. Nos demuestra que si todos aportamos nuestro granito de arena podemos conseguir grandes cambios para luchar contra la emergencia climática, de la misma forma que el colibrí, con su pequeño pico lleno de agua, trataba de apagar el incendio del bosque, a pesar de la huida del resto de animales.

Amaia G., voluntaria en Bilbao 


 

Greenpeace desafía ao Concello de Vilagarcía a “pasar do gris ao verde”

Todo comeza cando paseando, como fago moitas veces, polas rúas de Vilagarcía de Arousa, decátome de que algo non anda ben.

Chámome Carlos, vivo nunha parroquia de Vilagarcía de Arousa, O Carril, e sempre paso o tempo libre nesa cidade. Son membro de Greenpeace e voluntario da grupo local da Coruña.

Como comentei antes, doume conta de que algo non vai ben cando non deixo de ver que as rúas que o goberno local está a humanizar na cidade teñen unha cor gris que me chama moito a atención.

O Goberno aposta por un modelo de cidade moito máis humano para os peóns, pero presenta un enorme déficit de cobertura vexetal, sobre todo de árbores, e de solos naturais, que os converten en case inhabitables nos meses de calor. O verde urbano é enormemente beneficioso para a saúde e axuda a combater a contaminación, mitigar as altas temperaturas nos meses máis calorosos, evitar inundacións e facer que as cidades sexan máis resistentes ao cambio climático, entre outros moitos beneficios.

Por iso sentín a necesidade de que había que facer algo e aí comezou todo. Non sabía moi ben como podía facelo e púxenme en contacto con Mariló (voluntaria do grupo local de Greenpeace de Vilagarcia e actualmente coordinadora do grupo de Pontevedra) e pedinlle axuda. Conteille o que levaba uns meses dándolle voltas na miña cabeza e coincidimos os dous no mesmo, que había que facer algo para intentar cambiar o que pasaba na nosa cidade.

Decidimos elaborar un borrador para dar a coñecer nunha nota de prensa a nivel local retando o Concello de Vilagarcía (coa axuda de Sara, coordinadora da agrupación local da Coruña e Antonio, voluntario do grupo local de Vilagarcía). Ensinámosllo a Manu, coordinador de Greenpeace Galicia e deunos o OK.

Publicouse en toda a prensa local, xornais como La Voz de Galicia, Faro de Vigo, Pontevedraviva, Diario de Arousa… E en redes sociais como Facebook e Twitter. A noticia tivo unha repercusión moi importante, mesmo os partidos políticos da cidade fixéronse eco da noticia publicándoa nos seus portais.

Con iso xa estabamos moi contentos co noso traballo, pero para a nosa sorpresa, o Concello de Vilagarcía de Arousa solicitounos unha reunión presencial para poder comentar en persoa o acontecido e despois emitiu unha nota de prensa contestando: mil árbores plantadas en seis anos e máis zonas verdes no PXOM.

Preparamos previamente dita reunión, xuntos en equipo, e por suposto acudimos e explicamos o que pensábamos e eles déronos o seu punto de vista e ideas de futuro. Pódese dicir que marchamos cun bo sabor de boca.

Agora só queda esperar a ver se todo isto se reflicte nas próximas actuacións que o Concello levará a cabo na cidade e así poder ver todo o mencionado anteriormente nas rúas de Vilagarcia de Arousa. Sería MOI gratificante.

Carlos Rodríguez Ponte, voluntario en Pontevedra


 

Encuentros y reencuentros

Bien cierto es que en estos casi dos años de pandemia hemos echado en falta muchísimas cosas. Y en este último encuentro, el primero sin mascarillas, nos hemos dado cuenta de lo importante que era vernos las caras, las sonrisas, darnos unos buenos abrazos y compartir experiencias e inquietudes.

Fuimos cargadas de energía, de buenas vibras, de ganas de volver a activarnos, a reunir a nuestra gente y del esperado encuentro que para algunas de nosotras es más bien un reencuentro.

Porque lo más bonito de todo es saber que tienes gente repartida por todo el territorio que da su tiempo y su dedicación a hacer visible la labor de Greenpeace en proximidad. Que pese a ser de lugares distantes y de idiosincrasias variadas, coincidiéramos en tantas cosas que había que promover, mejorar, mantener o cambiar, que a veces hasta te parecía increíble, como si alguien te estuviera leyendo el pensamiento.

El encuentro de los reencuentros, y también el de las nuevas sinergias, coincidir con otras voluntarias que ya estás deseando reencontrar otra vez. Y de fondo, la sierra de Guadarrama, la nieve tardía en los picos (ese cambio climático...), pájaros y naturaleza.

Algo que para las que tuvimos tantos meses en una gran ciudad sin libertad de movimiento sigue siendo un regalo maravilloso. La sierra, Greenpeace y su gente. No se puede pedir más. ¡Hasta la próxima!

Susana Mendoza, grupo local de Barcelona 


 

¿Qué tiene que ver el ecofeminismo con mi activismo en Greenpeace? 

Como sabéis, el ecofeminismo forma parte de los principios de Greenpeace España y, por tanto, forma parte de nuestro discurso y de nuestras formas de hacer. Pero esto, ¿en qué se traduce? En realidad, se traduce en multitud de cosas pero aquí me voy a centrar en las que tienen que ver con el funcionamiento grupal para que nuestra práctica voluntaria sea más plena y llegue a sus objetivos. 

Unas pinceladas sobre ecofeminismo:

Hoy en día hablamos más de ecofeminismos, recogiendo toda la diversidad de activismos que se sitúan bajo esta mirada, más que de un único ecofeminismo porque existen diferentes reflexiones y corrientes que vertebran estos activismos. En todo caso, todos comparten la crítica al mal desarrollo y a los procesos de neocolonización, la pérdida en la fé en la tecnología, la crítica al desarrollo armamentístico o al paradigma neoliberal, entre otras reflexiones. 

El ecofeminismo da cuenta de manera magistral del conflicto capital-vida. Como explica la economista feminista Amaia Pérez Orozco, las estructuras socioeconómicas ponen la vida al servicio del capital y por tanto son una amenaza permanente para ella. Por ello los ecofeminismos proponen un cambio de paradigma, sacar la acumulación de poder y capital del centro y colocar en su lugar el sostenimiento de la vida y el bienestar de todas y todos, que al final viene a ser de lo que se trata, ¿no? Solo con este cambio de prioridad seremos capaces de construir y transitar hacia una cultura de la libertad, la igualdad, la sostenibilidad y la paz. 

El ecofeminismo nos ofrece otra forma de mirar la realidad e intervenir en ella y puede trabajarse a diferentes escalas, también dentro de los grupos de voluntariado, o de cualquier grupo. Revisar las lógicas patriarcales que atraviesan nuestro hacer y nuestro decir es en sí mismo transformador porque es lo que nos permite ir saliendo de la lógica biocida que está instaurada. Bajo lógicas patriarcales no es posible construir justicia y por tanto no es posible la lucha ecologista. Y no es posible porque la lógica patriarcal está construida bajo la asunción de que unas personas, unos territorios, unos trabajos o unas formas de estar en el mundo son más valiosas que otras, son las mejores y por tanto son las deseables, quedando el resto invisibilizadas, ridiculizadas o esquilmadas. 

Esta lógica se nos cuela sin darnos cuenta en los grupos, al fin y al cabo todas y todos somos hijas del patriarcado. Necesitamos repensarnos y deconstruirnos individual y colectivamente para construir ese nuevo paradigma, y vamos a necesitar buenas dosis de pedagogía, paciencia y cultivar la inteligencia colectiva.

Os propongo, si no estuvisteis en el encuentro que hagáis el ejercicio colectivo de preguntaros qué hace que algo sea ecofeminista con estas premisas. Quizás os deis cuenta, si no lo habéis hecho ya, de que sois un poco ecofeministas y no os habíais dado cuenta o de que cómo nos tratamos es igual de importante que frenar el cambio climático porque forman parte de lo mismo. Llámalo x, pero ponte manos a la obra para construir grupos en los que nuestro quehacer ayude a construir otro estar en el mundo.

Sigue leyendo en este enlace si quieres saber más sobre la propuesta

Nerea Ramírez, responsable de Ecofeminismo en Greenpeace España


 

“Las acciones individuales deben ir acompañadas de acciones colectivas”

Cualquiera que haya participado, de forma más o menos visible, en cualquier tipo de activismo ecologista, sabe perfectamente sobre qué versará su próxima cena de Nochebuena. “Oye, ¿y lo de reciclar funciona?”, “yo tengo un coche eléctrico, ¿es mejor ir en bici?”, y el consabido “es que un chuletón al punto…”. Después de suficientes Navidades, cualquiera acaba llegando a una respuesta común y sencilla a todas estas preguntas: la clásica explicación de las acciones grandes y pequeñas.

Por ejemplo, la habitual cuestión del reciclaje. Sí, es cierto que reciclar está… muy bien. Sí, es cierto que, si todas las personas reciclásemos perfectamente cada cosa que pasa por nuestras manos y el sistema funcionase de forma impecable, sería estupendo para el planeta. Lamentablemente, es mucho más complicado que eso. Ni todo el mundo recicla, ni todo el mundo tiene la capacidad de reciclar todo, ni (y esto es muy importante) el sistema funciona tan bien como debería (ejem, #EcoembesMiente).

¿Significa esto que deberíamos dejar de reciclar? ¡Por supuesto que no! Reciclar, igual que circular en bici o dejar de comer carne, es una acción personal, una decisión tomada por un individuo que quiere aportar su granito de arena. Ahora bien, ¿son las acciones particulares suficientes para frenar la crisis climática? Pues lamentablemente no. Por muchos motivos, pero sobre todo porque los sistemas que deberían respaldar esas acciones individuales no siempre funcionan. Y por eso es exactamente por lo que debemos complementarlas con acciones grandes y colectivas, que involucren a toda la sociedad en su conjunto.

Eso sí, las acciones colectivas, evidentemente, no pueden darse sin una red detrás. Ya sea para encadenarse a un puente, montar una manifestación o fiscalizar la actividad de la clase política, los movimientos y organizaciones ambientales están ahí para ti. Para todas. ¿Y dónde están los movimientos jóvenes por el clima? ¿Por qué es tan importante la diferencia entre acciones individuales y colectivas?

Por un lado, por lo evidente: nos gustaría, si no es mucho pedir, tener un planeta en el que hacernos mayores, y usaremos todas las herramientas que tengamos a mano para asegurarnos de ello. Y por otra parte, es necesario recordar que si recurrimos a acciones colectivas es porque, en la mayoría de los casos, las personas jóvenes no tenemos poder individualmente. No tengo una casa en la que bajar la calefacción, no tengo un coche que dejar de usar, ni un puesto de trabajo desde donde implementar nuevas políticas de medio ambiente. El único gran poder que tenemos las personas jóvenes es el que tenemos en común.

Las acciones individuales siempre son un gran primer paso para empezar a cambiar las cosas. ¿Pero y el siguiente? Ese es el que lo cambia todo.

Irene Rubiera, activista y estudiante de Derecho, participa en los movimientos por el clima colaborando con Fridays For Future, Ecologistas en Acción y Juicio por el Clima.