Aunque la mañana comenzó bastante agradable, y había mucha gente paseando en el Paseo de la Playa de San Lorenzo en Gijón, el día se fué poco a poco cubriendo acompañado de un fuerte viento de noreste y que nos fué enfriando poco a poco a todos.
 

Tratándose además de la primera actividad en la que participo con el grupo, nervios y ansiedad iniciales como supongo le ocurrirá a la mayoría esas primeras veces.


“¿Lo haré bien?”, “¿Cómo abordo a la gente?”, “¿Cómo reaccionarán?”, “¿Conseguiré acabar mi taco de papeletas?” y sobre todo “¿Servirá de algo?” rondan mi cabeza.


Escoger una frase de entrada, un primer empujón para romper el bloqueo mental de 'atacar' al primer grupo de traseuntes, ir superando algunos deslices (como cuando se te traba la lengua o no encuentras un buen lugar en el que situarte) y sin darte cuenta la mañana va pasando y el taco se va reduciendo.

 

Y sin darte cuenta, vas notando un calor que contrasta con el frío de la mañana.

 

¡La calidez de esa primer persona que te presta atención honesta y te escucha!


O la calidez y compañía de compañeras que empiezan como tú, la calidez de compañeras y compañeros veteranos con los que te sientes arropado, te guian y acompañan.

 

Y el calor al sentir que, según se vacía ese taco de papeletas y has coseguido transmitir el mensaje a varias personas, seguramente sí supone una diferencia, sí es un granito de arena con valor que ayude a inclinar la balanza. Y que el esfuerzo merece la pena.


 

¡A por la próxima!