Hoy nos sumamos al Día Internacional de las mujeres por la paz y el desarme, que se instauró en 1982 en recuerdo del Campamento pacifista de mujeres en Greenham Common que protestó contra el despliegue de armas nucleares y que consiguió que más de 30.000 mujeres se desplazasen hasta la zona para hacer una cadena humana alrededor de una base militar estadounidense en Inglaterra. Este día tiene en definitiva la finalidad de visibilizar el rechazo a la violencia como solución a los conflictos en el mundo y lo vincula a las mujeres porque muchas mujeres de todo el mundo han demostrado con sus protestas y formas de estar en el mundo que ante la violencia del morir o matar, se puede elegir el cuidado de lo colectivo y de la vida. 

Para muchas mujeres feministas, construir una cultura de la paz también supone un cuestionamiento del orden patriarcal porque supone terminar con toda la violencia que subyace a la división del mundo en ganadores y vencidos. Construir feminismo y pacifismo es terminar con cualquier opresión y desigualdad, y las guerras traen mucho de todo esto y en ellas, las mujeres, las niñas, los niños, las personas enfermas, las personas con algún tipo de discapacidad…son, además, las que más violencias sufren.

Dice Jane Adams que la verdadera paz no es sólo la ausencia de guerra, es la presencia de justicia.  Para alcanzar eso, necesitamos el empoderamiento colectivo y el sostenimiento de la vida en común que las mujeres de Greenham Common mostraron al mundo. No queremos guerra que nos mate, ni paz que nos oprima. 

Por eso hoy, voluntarias del Grupo Violeta de Greenpeace se han movilizado en ciudades como León, Almería, Adra, Málaga y Tenerife fotografiándose con mensajes ecofeministas por la paz en calles, plazas y lugares para recordar que “no queremos la guerra en la tierra ni en nuestros cuerpos”, o que “sin patriarcado no habría misiles”.

Frente a todas las guerras que abusan del poder para seguir explotando los recursos del planeta y para aumentar las desigualdades; frente a la falsa seguridad vinculada al estar mejor preparados para la guerra pero que solo sirve para acelerar los conflictos; hoy muchas mujeres nos ponemos en pie por la paz y reclamamos un ecofeminismo profundamente pacifista. 

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