Estoy aquí colgada. Lo que muestro ocurrió hace años, pero sigo haciendo lo que hacen las fotografías: mirar de vuelta.

Desde esta pared veo llegar a la gente a la inauguración, se detienen y hablan. Dicen que agradecen a Greenpeace el seguir señalando causas incómodas en tiempos difíciles para el activismo, cuando abundan el negacionismo, los bulos y la presión para callar. Agradecen que alguien siga (y van cuarenta años ya!) empeñado en señalar problemas, y visualizar causas por las que merece la pena luchar.

Algunos comentan que lo que más les reconforta no es tanto la esperanza como comprobar que no están solos. Saber que hay más personas insistiendo, incluso cuando cuesta. Una especie de “seguimos aquí” colectivo.

Veo también a una madre con su hijo. Él carga con una ansiedad grande para su edad. Ella lo ha traído para mostrarle algo poderoso: que ha habido y todavía hay personas insistiendo, organizándose, fallando, volviendo a intentar, y ganando unas cuantas batallas.

Yo me quedo colgada, observando. No puedo salvar el mundo en un día, pero al menos dejo constancia de que, incluso en tiempos difíciles, hay quien ha decidido no pasar de largo. Para una fotografía, no está mal.