El Ayuntamiento de Madrid ha aprobado inicialmente una nueva modificación de la Ordenanza de Movilidad Sostenible. Tras esta aprobación, se ha abierto el correspondiente periodo de alegaciones, y desde Greenpeace Madrid hemos presentado un documento completo con propuestas y correcciones para mejorar el texto antes de su aprobación definitiva.
No partimos de cero. Llevamos años trabajando sobre movilidad, calidad del aire y salud urbana, y ya participamos en la consulta pública de 2024. Sin embargo, tras analizar el nuevo proyecto, consideramos que las cuestiones de fondo que planteamos entonces no han sido incorporadas, especialmente en lo relativo al papel del coche, las alternativas de movilidad, la perspectiva de género y la equidad social.
Por eso hemos vuelto a insistir.
Zonas de Bajas Emisiones: no basta con cambiar de coche
Uno de los ejes centrales de nuestras alegaciones es claro:
las Zonas de Bajas Emisiones no pueden limitarse a ordenar qué coches entran, sino que deben servir para reducir de forma efectiva el uso del vehículo privado.
El modelo actual sigue basándose principalmente en el etiquetado ambiental. Esto permite que muchos vehículos sigan accediendo a las ZBE pese a generar contaminación, ruido, ocupar espacio público y contribuir a la congestión. El resultado es una ZBE que cumple formalmente, pero no transforma la ciudad.
Los datos lo confirman: en Madrid, casi la mitad de los desplazamientos siguen realizándose en coche, mientras que el uso de la bicicleta continúa siendo residual. Si no se reduce el volumen total de tráfico, las ZBE corren el riesgo de quedarse en una medida administrativa, sin impacto real en la vida cotidiana de los barrios.
Alternativas reales o restricciones injustas
Otro punto clave de nuestras alegaciones es la falta de una apuesta clara por alternativas de movilidad atractivas, seguras y funcionales.
Restringir el coche sin ofrecer opciones mejores no funciona. Para que la ciudadanía pueda cambiar de hábitos, necesita:
• transporte público rápido, fiable y protegido de la congestión,
• una red ciclista continua, segura y pensada para desplazamientos diarios,
• intermodalidad real entre bici, bus y metro.
Hoy la bicicleta apenas representa un 2 % de los desplazamientos en Madrid. No porque no haya potencial, sino porque no existen las condiciones necesarias para usarla con seguridad y utilidad. Sin una red ciclista de verdad y sin transporte público competitivo, el coche sigue siendo la opción “por defecto”.
Inversiones que siguen favoreciendo al coche
También señalamos una contradicción estructural:
mientras se habla de movilidad sostenible, las inversiones y el reparto del espacio público siguen priorizando al vehículo privado.
Gran parte del espacio urbano continúa dedicado a circular y aparcar coches, en detrimento de aceras, carriles bus, carriles bici o espacios de estancia. Sin redistribuir ese espacio, el cambio modal es prácticamente imposible.
Las ZBE no pueden funcionar si no van acompañadas de una transformación física de la ciudad.
Movilidad y justicia social
Por último, alertamos del riesgo de un modelo regresivo.
Cuando las políticas de movilidad se basan en restricciones sin alternativas suficientes, quien tiene recursos se adapta comprando otro coche, y quien no los tiene pierde accesibilidad, tiempo y oportunidades.
La movilidad sostenible debe garantizar el derecho a moverse, no depender de la capacidad económica. Además, incorporar la perspectiva de género es imprescindible: las mujeres usan menos el coche y serían grandes beneficiarias de un transporte público mejor y de infraestructuras ciclistas seguras.
Una oportunidad que no debería desaprovecharse
La nueva Ordenanza de Movilidad Sostenible puede ser una herramienta clave para mejorar la salud, reducir la contaminación y hacer Madrid más habitable. Pero para eso necesita ir más allá del coche “menos contaminante” y apostar de verdad por menos tráfico, más espacio para las personas, alternativas de movilidad que funcionen, y una transición justa.